Las Virtudes teologales en Juan de la Cruz

La Fe Teologal

 

La fe teologal es un don gratuito, que ayuda al hombre en el conocimiento de la realidad divina. Juan de la Cruz, como creyente que ha experimentado las gracias místicas, es consciente de la importancia de la FE  y de la necesidad de tenerla viva y operante para poder llegar a la experiencia de la unión. “DIOS ES LA SUSTANCIA DE LA FE Y EL CONCEPTO DE ELLA”  (CB 1,10)

En una perspectiva personal, la FE se equipara, en ocasiones a la noche espiritual. (S 2, 1,2). En este sentido la FE es comprensiva de las tres virtudes teologales. En los escritos sanjuanistas tiene este significado :”Hábito del alma cierto y oscuro...porque hace creer verdades reveladas por el mismo Dios “ ( S 2,3 1).En esto hay dos elementos esenciales de la teología, dos aspectos fundamentales de la FE : en cuanto acto y contenido.

El contenido hace referencia a las “ verdades reveladas por Dios” . Estas verdades no son del mismo hombre sino de la boca de Dios, (S 2,22,3), el hombre es incapaz, por su condición natural de entenderlas. La doctrina sanjuanista se refiere en este punto,  a la centralidad de Cristo como PALABRA ÚNICA Y DEFINITIVA DE DIOS, en la cual se agota toda revelación.

En el segundo aspecto, la FE como acto : es creer, es un consentimiento interior de lo que entra por el  oído (S 2,3,3 ), es una acción voluntariamente humana, del entendimiento y de voluntad. Pero la oscuridad de la FE llena al mismo tiempo que vacía, a medida que aleja de lo caduco acerca a Dios.

Para San Juan de la Cruz, a lo largo del itinerario espiritual la FE y el AMOR  son los dos mozos de ciego que han de guiar al alma “POR DONDE NO SABE, ALLÁ A LO ESCONDIDO DE DIOS” (C 1,11) .

 

 

Esperanza Teologal

 

La ESPERANZA  es ante todo, un “don sobrenatural”, infundido por Dios en la justificación, juntamente con la FE y la  CARIDAD .” Por un bien tan grande mucho conviene sufrir “, escribe Juan de la Cruz (S 3,2,1).

El objeto de la ESPERANZA  es Dios mismo, supremo bien del  hombre, por eso “ la ESPERANZA  de Dios solo dispone puramente a la memoria para unirla con Dios “ (N 1, 2, 11 ).

Centro y fundamento de la  ESPERANZA  es siempre Jesucristo, pues se apoya en las promesas divinas  realizadas en Jesús, en las cuales están  implicadas la misericordia, la fidelidad y el auxilio de Dios.

Centro y fundamento de la  ESPERANZA  es siempre Jesucristo, pues se apoya en las promesas divinas  realizadas en Jesús, en las cuales están  implicadas la misericordia, la fidelidad y el auxilio de Dios.

La ESPERANZA no ofrece certeza  firme de la propia salvación, como lo hace la FE. Y ello porque la salvación no depende de las promesas de Dios, sino de la libre respuesta del hombre a la llamada divina. A la plena  ESPERANZA cristiana  sólo se accede por la FE. Por eso la FE es anticipo de ESPERANZA. Es necesaria también una fuerte disposición de  AMOR.

La ESPERANZA, virtud plenamente teologal, ocupa  según Juan de la Cruz, un puesto entre la  FE  y la CARIDAD. El futuro al que invita la ESPERANZA, no es cosa hecha,  sino algo que está por alcanzar. Por eso el vacío es su debilidad y, a la vez su mayor fuerza.  La ESPERANZA  quiere amar, poseer a Dios y sabe que esto sólo tendrá lugar al final de los tiempos. La ESPERANZA no es evasión, sino que va por pasos, siendo, en definitiva un don. 

Para el Santo, esta virtud representa un encuentro total con Dios. Lo ya poseído y, por lo tanto, alcanzado no tienes que esperarlo ni luchar para darle alcance. Sólo el que espera y se esfuerza por alcanzar a Dios lo alcanza si no se cansa en este empeño.

 

Caridad Teologal

 

Como no podía ser menos, la  CARIDAD es tema central  en toda la  síntesis sanjuanista. No importa que el Santo no lo desarrolle específicamente, pues está presente  de alguna manera en todas sus obras. Lo que le interesa es analizar el papel decisivo de la CARIDAD en la vida espiritual. No deja de ser  sintomático que para hablar de esta realidad teologal prefiera el término “AMOR” al de CARIDAD.

La CARIDAD, ante todo es AMOR, ya que “ nos obliga a amar a Dios sobre todas las cosas “ (S 2,6,4). La CARIDAD es un amor de benevolencia, un amor de amistad. Pero la verdadera amistad es irrealizable sin la experiencia de la CARIDAD teologal.

Así, pues, la CARIDAD asume la forma de amor humano que tiende a la comunión de las personas. San Pablo amonestaba a los Efesios “que estuviesen bien fuertes y arraigados en la CARIDAD... para saber también de la suprema CARIDAD de Cristo.

 

La CARIDAD  es la energía humana y el criterio  máximo de madurez personal. Es el primer mandamiento. Es el alma de todo el proceso teologal, centrado por la unión de AMOR. No en vano “ es la CARIDAD el vínculo y atadura de la perfección” (CB 30,9). Es la virtud que hace que la voluntad se oriente a Dios. Al igual que la FE y la  ESPERANZA, es la virtud teologal que se ocupa de ordenar  la voluntad. La  FE y la ESPERANZA  no serían nada sin la CARIDAD, según la enseñanza paulina. Es la  CARIDAD la que da viveza  y valor a las obras de la  FE  y de la ESPERANZA.

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