Las Tres Virtudes Grandes

 

En los escritos de Santa Teresa de Jesús, hay uno de especial relevancia para nosotras. Se llama este libro, Camino de Perfección. Son avisos y consejos que da Teresa de Jesús a sus hijas recientemente fundadas, las Carmelitas Descalzas.

 

Se trata pues, para nosotras, de algo de gran valor, afectivo y doctrinal, por tratarse de nuestra madre y porque en él se contiene formulado por escrito el carisma vocacional, enseñado por la fundadora y expuesto a sus monjas desde el magisterio oral. Son líneas que contienen el nuevo estilo de vida y que configuran a la carmelita descalza.  

Todo en él va encaminado a cimentar la vida de cada una de las monjas y de cada comunidad, en la identidad vocacional de ese carisma original  que, por impulso del Espíritu Santo, ella recientemente ha fundado.  

Anteriormente había escrito ya el “Libro de la Vida”,  autobiografía espiritual  cuyos destinatarios eran sus confesores y otros grandes teólogos. Pero sus monjas no podían ser privadas de sus enseñanzas puestas por escrito  y quiso hacerlo en tono más familiar, sencillo y práctico. Así nació el libro.

Era lo que sus hijas le pedían, que les escribiera algunas cosas de oración.

La Santa es además de realista una gran pedagoga y sabe que antes de adentrarse en la oración, tiene que formar a la persona desde unos valores básicos, para hacerla auténticamente cristiana y orante.

Entre estos destacan por su importancia y la amplitud con que los trata, las llamadas tres virtudes grandes, fundamento, a la vez que corona, de toda carmelita descalza; sin los cuales no puede haber ni vida de oración ni santidad autentica. Son: desasimiento, amor fraterno  y  humildad.

Desde estos valores se va realizando la personalidad madura y cristiana, pues son eminentemente evangélicos e integradores de la personalidad.

Santa Teresa de Jesús, es una mujer abierta a lo universal. Su profundo conocimiento de la persona y su relación personal con Dios, la hacen trascender todo tiempo, cultura o religión y es por esto que sus escritos tienen plena vigencia hoy, como la tuvieron en el Siglo XVI cuando fueron escritos.

Si bien anteriormente hemos dicho que escribió para sus monjas, no es menos cierto que su doctrina es válida para toda persona que busque  sinceramente la verdad de Dios  y la verdad del hombre.

 

El amor, principal fuerza de cohesión para todo ser humano, se expresa en la comunidad teresiana en la comprensión, el cariño, la amistad y el servicio, prestados desde la gratuidad y que, son recíprocos y exigentes, pero gratificantes. Amor de unas con otras, “aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de ayudar” (CP 6,4) que sabe compartir desde los niveles  más profundos de la persona, especialmente lo relativo a la fe y a la vivencia de la gracia vocacional. Amor que trasciende la propia comunidad, y se abre a la universalidad eclesial, principal tarea para la cual vive la carmelita.

 

El desasimiento  es fuente de libertad y señorío, excluye la posesión y el acaparamiento esclavizante, tanto en lo material como en las relaciones interpersonales. El egoísmo repliega sobre sí mismo, el amor dilata y engrandece, por eso solamente el amor es capaz de compartir. La persona desprendida no pone el acento en nada, porque ha optado por el “Todo”. En frase de la Santa: “sólo Dios basta” (Poesías) y ésta no es una frase excluyente sino más bien sintetizante porque en Dios lo halla todo. Posee el mayor bien: su relación personal con el Señor, donde encuentra toda su riqueza y felicidad.

 

La Humildad de la que trata la Santa nada tiene de minusvaloración personal, conoce y acepta sus limitaciones pero tiene clara conciencia de los bienes naturales y sobrenaturales que posee, nada se apropia, pues sabe que todo es don recibido de Dios. La humildad pone cada ser y cada cosa en relación con la Persona de Jesús. Conocida es la frase de la Santa “humildad es andar en verdad”(MVI 10,7). La humildad verdadera cede el protagonismo enteramente a Dios porque sabe que la orientación y el rumbo de su vida pertenecen al Señor. Sabe desconfiar de sí porque ha puesto su entera confianza en el Señor de su vida.

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