“Yo he venido 

para que tengan vida

 y la tengan abundante. 

                        (Jn 10,10)

 

 

Hoy, como siempre, el ser humano busca caminos de realización, de desarrollo pleno de sus capacidades humanas y espirituales; en una palabra, busca caminos de  “VIDA”.

En nuestra sociedad, saturada de palabras que nos ofrecen cantidad de posibilidades, a veces, sentimos un vació en nuestro interior, experimentamos que hay algo dentro de nosotros que no se acaba de saciar.

 

¿Porqué?, porque no somos sólo materia y pensamiento, sino algo más, tenemos unas raíces profundas que únicamente arraigan en el infinito.  

Teresa de Jesús sintió esa exigencia, y desde muy niña solía repetir esta frase: ...¡para siempre, siempre, siempre! (V.1,4)

Dios ha querido llenar ese hueco y se nos ha acercado por medio de  su “HIJO”, su “PALABRA”. Ese Hijo que desde el principio era un todo con su Padre “...y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.” (Jn 1,1) y  en el que  “...estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres “ (Jn 1,4).

En Él nos lo ha dicho todo. “...porque en darnos, como nos dio a su Hijo que es una Palabra suya, no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en una sola Palabra, y no tiene más que hablar. (2 S 22,3).

Si queremos escucharle descubriremos la grandeza de su amor que le hizo asumir nuestra carne, compartiendo así los gozos y las tristezas de todo hombre. Juan de la Cruz pone en boca del Padre las siguientes palabras: “ Si quisieres que te respondiere yo alguna palabra de consuelo, mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor, y afligido y verás cuantas te responde.” ( 2 S 22,6 )

Si algo tiene que decirnos este Señor nuestro, es lo que ha oído a su Padre.

Para vivir necesitamos un alimento sólido, este es Él “ el pan de la vida” (Jn 6, 35), el que sacia el hambre y la sed.

 

“ Una esposa que te ame,,

 mi Hijo, darte quería, 

 que por tu valor merezca 

 tener nuestra compañía 

 y comer pan a una mesa 

 de el mismo que yo comía, 

 porque conozca los bienes 

 que en tal Hijo yo tenía 

 y se congracie conmigo 

de tu gracia y lozanía.”  

                      ( Romance “in principio erat Verbum”, 2)

Y necesitamos también beber de esa agua viva “ ... que salta hasta la vida eterna” (Jn.4,14); agua que nos envuelve y nos penetra hasta el fondo como la gota de agua disuelta en el mar; agua que es refrigerio en las horas de “bochorno”, de oscuridad y aridez. “ Sintiendo correr de su vientre los ríos de agua viva, que dijo el Hijo de Dios que saldrían en semejantes almas” (Ll. 1,1)

   

Y ¿ cual es la sustancia de esta vida que Cristo nos ofrece?. Es el amor, la comprensión, la compasión, la entrega, el servicio, que derrochó a manos llenas en su paso por la tierra.

Él nos ha dejado su consigna: Os doy un mandamiento nuevo que os améis los unos a los otros, Que, como yo os he amado así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13,34)

Jesús, “el Hijo amado del Padre” (Mc 1,11), es también un enamorado de los hombres y  no se ha conformado con vivir un tiempo entre nosotros, sino que quiere estar siempre a nuestro lado “ No os dejaré huérfanos: Volveré a vosotros” (Jn 14,18)

 

Nos ha prometido que su Espíritu nos acompañará siempre, nos irá recordando todo lo que Él nos ha dicho y nos mostrará las riquezas ocultas en nuestro interior.

“ Esta llama de amor es el Espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí, no sólo como fuego que la tiene consumada y transformada en suave amor, sino  como fuego que, demás de eso, arde en ella y echa llama, como dije. Y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina.” (Ll 1,3)  “...Es tan subido el deleite que aquel llamear del Espíritu Santo hace en ella, que la hace saber a que sabe la vida eterna. (Ll 1,6)  

Como Pedro le decimos: “ Señor, ¿ a quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 68) y,  con Juan de la Cruz, oramos: “... No me quitarás Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero ; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero." (Oración del alma enamorada D.26 )

“Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor que tú me tienes esté en ellos y yo también esté con ellos" (Jn 17,26).

 

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