EDITH STEIN

COPATRONA DE EUROPA


Una vez más el Santo Padre ha sorprendido a obispos y cardenales representantes de la Iglesia en Europa. El timbre quebrado de su voz ha proclamado con firmeza, desde la Basílica del Vaticano que la cristiandad tiene junto con San Benito, Cirilo y Metodio, tres nuevas mujeres copatronas, entre las que se encuentra Santa Edith Stein (Teresa Benedicta de la Cruz en el Carmelo).

La Iglesia quiere subrayar el papel de estas figuras femeninas poniendo de relieve la importancia que la mujer ha tenido y tiene en la historia de la humanidad.

Edith, que había ingresado en el Carmelo de Colonia (Alemania), el 14 de abril de 1934, y trasladada al de Echt (Holanda) en 1938, muere en el campo de exterminio de Auschwitz en 1942. Al despedirse de su Comunidad, dijo a su hermana Rosa: "Ven, vamos por nuestro pueblo". Con frecuencia se dice que se refería al pueblo judío, y de hecho nunca renunció a su estirpe. Ya había afirmado, "la suerte de este pueblo es la mía" (Bf. 14).

Al final de su vida se cuestionará en su existencia. ¿Quién podría expiar alguna vez lo que se ha hecho con el pueblo judío en nombre del pueblo alemán? ¿Quién podrá cambiar este pecado horrible en bendición para ambos pueblos?

Teresa Benedicta, que habái renunciado a su brillante carrera como filósofa y pensadora, se convierte en una de las incontables anónimas, cuyo testimonio en la Iglesia y en el mundo de nuestro tiempo se hacen luz como un gran aporte a la historia contemporánea, demostrando con su experiencia cómo se puede irradiar la vida interior hacia afuera. En la más profunda intimidad se ha entregado a la obra redentora de Cristo, que se oculta como el grano de trigo en lo profundo de la tierra para consumar todo hasta que se vuelva fruto.

Edith Stein, judía, filósofa, carmelita y mártir, elevada a los altares el 11 de octubre de 1998, nació en Breslau (Alemania, entonces Prusia), el 12 de octubre de 1891. Se afanó en la búsqueda de la Verdad desde la vertiente fenomenológica, hasta que se encontró con el Dios vivo de Jesucristo, a través de las obras de Teresa de Jesús.

Le tocó vivir en un siglo donde la vida se menosprecia. Ella es testigo y protagonista de uno de los mayores holocaustos que ha sufrido la humanidad. Por eso el Papa y la Iglesia, con la autoridad que le viene del Seño proclama: "Europa del tercer milenio, no desmayen tus manos, no cedas al desaliento..., vuelve a proponer a Cristo único mediador de la salvación, ayer, hoy y siempre".

Nosotros, los carmelitas, imploramos su ayuda y la de María, madre del Carmelo, para que restañen las heridas de la "vieja Europa". Que Cristo pueda ser la renovada fuente de esperanza, a la que el Santo Padre nos anima, suscitando en los siglos una incomparable cosecha de fe en la civilización del amor.

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